Resiliencia empresarial ante el desastre
En el ámbito corporativo, la gestión de riesgos suele centrarse en métricas financieras, vulnerabilidades cibernéticas o fallas operativas rutinarias. Sin embargo, ¿qué sucede cuando la amenaza supera el control de la organización y proviene del entorno natural? En un reciente episodio del podcast de Pirani, exploramos cómo transformar un simple cumplimiento normativo en verdadera resiliencia operativa. Para ello, contamos con la experiencia de Juan Pablo Salcedo, especialista en prevención y atención de desastres, y líder del área de Gestión de Riesgos en la Cruz Roja Colombiana, Seccional Antioquia.
Nota: Este contenido está basado en un episodio grabado antes del sismo ocurrido en Colombia el 10 de agosto de 2026. Desde Pirani, manifestamos nuestra absoluta solidaridad con las personas afectadas, sus familias y las comunidades damnificadas. Compartimos esta conversación sobre prevención y resiliencia reconociendo el contexto actual y con el mayor respeto hacia quienes viven las consecuencias de este evento.
Más allá de la seguridad y salud en el trabajo
Uno de los errores más comunes en el entorno corporativo es asumir que contar con un equipo de Seguridad y Salud en el Trabajo (SST) es sinónimo de estar preparados para una crisis a gran escala. Aunque el área de SST es fundamental para cuidar la integridad física de los colaboradores frente a accidentes o posturas inadecuadas, la gestión del riesgo de desastres abarca un espectro mucho más amplio. Según la normativa colombiana (Decreto 2157 de 2017), las empresas tienen la obligación legal de diseñar planes que evalúen cómo un evento externo puede paralizar su producción o, por el contrario, cómo sus propias operaciones podrían generar afectaciones involuntarias en el entorno. Una organización verdaderamente resiliente entiende que su plan no debe quedarse en un archivo digital, sino que necesita integrarse a fondo con la continuidad del negocio y estar conectado de forma realista con el territorio que habita.
El mito de los "desastres naturales"
Durante la conversación, Juan Pablo hizo una precisión conceptual que cambia radicalmente la manera en que enfrentamos las emergencias: los desastres no son naturales. Lo que proporciona la naturaleza son fenómenos dinámicos: sismos, huracanes, vendavales o el Fenómeno de El Niño. El desastre, en cambio, se construye de manera social cuando estos fenómenos impactan a comunidades u organizaciones vulnerables que carecen de preparación. Desde una empresa no podemos evitar que la tierra tiemble o que aumenten las temperaturas globales, pero sí es nuestra responsabilidad aplicar normativas de sismorresistencia, diseñar estrategias de mitigación e implementar seguros que protejan el patrimonio organizacional. Cambiar el lenguaje nos empodera para tomar acción preventiva en lugar de mantenernos en un rol pasivo. "Muchas organizaciones están acostumbradas únicamente a reaccionar: cuando ocurre el evento atienden a los lesionados y llaman a la emergencia. Debemos ir mucho más allá y transitar hacia un enfoque preventivo basado en el conocimiento, la reducción y el manejo del desastre".
La descentralización del riesgo: Teletrabajo y primer respondiente
La adopción masiva del trabajo remoto y los modelos híbridos ha planteado un reto sin precedentes. Antes, en un entorno de oficina tradicional, bastaba con seguir las instrucciones de los brigadistas, identificar las señales en la pared y evacuar hacia el punto de encuentro. Hoy, la realidad es distinta: en el home office, no habrá un brigadista de chaleco amarillo que nos indique la ruta segura ante una emergencia. Para abordar esto, cobra vital importancia lo que se conoce como el "principio de autoconservación" (amparado en la Ley 1523 de 2012), el cual establece que cada individuo es responsable primario de salvaguardar su propia vida. Esto obliga a las organizaciones a adaptar sus planes centralizados y promover una cultura del primer respondiente dentro de los hogares de sus equipos.
Hábitos que salvan vidas en casa
La preparación individual requiere acciones concretas pero accesibles: contar con un extintor en el hogar, identificar los puntos de encuentro del conjunto residencial, preparar un kit básico de emergencias e incluso tener a la mano un silbato, un elemento simple que en un evento extremo puede significar la diferencia al pedir auxilio.
El poder de la repetición: Por qué insistir en los simulacros
Es usual que los colaboradores reciban el aviso de un simulacro con cierta apatía, percibiéndolo como una interrupción de la jornada. No obstante, el éxito de la respuesta ante un desastre real reside en la repetición. Al igual que los deportistas de alto rendimiento entrenan diariamente para automatizar sus movimientos, las organizaciones necesitan desarrollar "memoria muscular" ante las crisis. Los simulacros, respaldados por ejercicios de escritorio y simulaciones teóricas previas, son la mejor herramienta para evaluar de forma práctica cómo responden todos los niveles de la compañía. Estas evaluaciones generan lecciones aprendidas invaluables que permiten pulir estrategias antes de que la emergencia real toque a la puerta.
El primer paso hacia la cultura preventiva
Para aquellos líderes de riesgos que se preguntan por dónde empezar, la ruta sugerida es clara: el primer paso es la toma de conciencia profunda, seguida de un autodiagnóstico técnico respaldado por instrumentos de planificación del territorio. Para que este esfuerzo rinda frutos reales y no se convierta en "planes de papel", la alta dirección debe asumir la responsabilidad y liderar con el ejemplo. Anticiparnos a lo peor no se trata de alarmismo, sino de madurez corporativa. Construir una organización resiliente es, en última instancia, aprender a cuidarnos juntos en los momentos más difíciles.