El año 2026 será un año electoral importante en América Latina, con procesos electorales programados en varios países de la región que redefinirán gobiernos nacionales y, por ende, influirán en el entorno de negocios y la gestión de riesgos para organizaciones tanto locales como internacionales. Entender qué elecciones se celebran, en qué contextos y con qué implicaciones de riesgo es indispensable para una gestión de riesgos estratégica y robusta.
De acuerdo con los calendarios oficiales y el trabajo de observadores regionales, los países latinoamericanos con elecciones nacionales programadas para 2026 son:
Adicionalmente, Haití tiene programadas elecciones generales en fechas extendidas en el segundo semestre (primera ronda en 30 de agosto de 2026 y posible segunda ronda en 6 de diciembre de 2026), aunque los desafíos de seguridad y gobernanza continúan influyendo en su calendario electoral.
Este artículo abordará específicamente estos contextos electorales en América Latina durante 2026, enfocándose en cómo preparar y fortalecer la gestión de riesgos organizacionales ante los principales vectores de incertidumbre política, cambios regulatorios, riesgos estratégicos y operativos característicos en años electorales. La intención principal es orientar a tomadores de decisión sobre cómo anticipar, evaluar y mitigar estos riesgos con un enfoque pragmático y alineado con las buenas prácticas en gestión de riesgos.
En los años electorales, el riesgo que más preocupa a las organizaciones en América Latina no es la volatilidad política en abstracto, sino los cambios regulatorios que esa volatilidad suele detonar. Así lo confirma el Estudio de Gestión de Riesgos 2026 de Pirani, donde los cambios regulatorios aparecen como el riesgo número uno identificado por los participantes, por encima de riesgos financieros, operativos o tecnológicos.
Este hallazgo no es casual. En contextos electorales, la regulación se convierte en una herramienta de señal política: promesas de campaña, ajustes normativos rápidos, redefinición de prioridades de supervisión y reinterpretación de marcos existentes. Para las organizaciones, esto se traduce en incertidumbre sostenida sobre las reglas del juego, especialmente en sectores regulados o con alta exposición al Estado.
En 2026, este riesgo adquiere una dimensión regional. Los países de LATAM con elecciones programadas enfrentan presiones sociales, fiscales y políticas que aumentan la probabilidad de reformas, decretos o cambios en criterios de cumplimiento, incluso antes de que un nuevo gobierno asuma formalmente.
El Estudio de Gestión de Riesgos 2026 de Pirani muestra un patrón claro: cuando el entorno político se vuelve más incierto, los riesgos regulatorios dejan de ser un tema de cumplimiento y pasan a ser un riesgo estratégico.
Esto ocurre por tres razones principales:
En este contexto, el riesgo no es solo cumplir con una nueva norma, sino adaptar procesos, sistemas y decisiones estratégicas en un entorno donde la información llega fragmentada y, en muchos casos, tarde.
Desde la gestión de riesgos, los cambios regulatorios asociados a ciclos electorales suelen materializarse de formas muy concretas:
El estudio de Pirani evidencia que las organizaciones con menor madurez tienden a tratar estos cambios como eventos aislados. En contraste, las organizaciones más avanzadas integran el riesgo regulatorio dentro de su análisis de escenarios, anticipando impactos antes de que la norma entre en vigor.
Uno de los aprendizajes más relevantes del Estudio de Gestión de Riesgos 2026 de Pirani es que el impacto regulatorio de un año electoral no se concentra en la fecha de votación. Por el contrario, suele extenderse durante todo el ciclo electoral:
En países como Brasil, Colombia, Perú y Costa Rica, este patrón será especialmente relevante en 2026. La combinación de elecciones nacionales, presión social y agendas de reforma aumenta la exposición de las organizaciones a cambios regulatorios rápidos y, en algunos casos, poco coordinados.
Desde la gestión de riesgos, el desafío no es reaccionar cuando la norma cambia, sino prepararse para un entorno donde el cambio regulatorio es el escenario base. Y ese es, precisamente, el mensaje que deja el Estudio de Gestión de Riesgos 2026 de Pirani: en años electorales, gestionar riesgos es gestionar la incertidumbre normativa de forma anticipada, estructurada y continua.
El Estudio de Gestión de Riesgos 2026 de Pirani es claro en un punto: los cambios regulatorios son el riesgo número uno para las organizaciones, según los propios participantes. No es un riesgo emergente ni marginal; es el que hoy genera mayor preocupación, mayor carga operativa y mayor impacto en la toma de decisiones.
En un año electoral como 2026, este hallazgo cobra aún más relevancia en los países de LATAM con elecciones. No porque el estudio evalúe procesos electorales, sino porque el ciclo político es uno de los principales detonantes del cambio regulatorio en la región.
Desde la gestión de riesgos, esto implica un giro importante: el riesgo regulatorio ya no puede tratarse como un tema reactivo ni exclusivo del área legal o de cumplimiento. En contextos electorales, se convierte en un riesgo transversal, con impacto directo en estrategia, operaciones y gobierno corporativo.
Más allá del ranking, el Estudio de Gestión de Riesgos 2026 de Pirani revela patrones que explican por qué el riesgo regulatorio ocupa el primer lugar:
En años electorales, estos problemas se intensifican. Las organizaciones no solo enfrentan cambios formales en la regulación, sino también ajustes en criterios de aplicación, prioridades de supervisión y tiempos de respuesta de las autoridades.
El riesgo, entonces, no es únicamente “qué cambia”, sino cómo y cuándo cambia, y qué tan preparada está la organización para adaptarse sin afectar su operación.
El estudio muestra que muchas organizaciones ya operan en un entorno regulatorio complejo incluso en años “normales”. El problema es que el año electoral rompe cualquier expectativa de estabilidad.
En los países de LATAM con elecciones en 2026, esto se traduce en escenarios como:
Desde la gestión de riesgos, esto expone una debilidad recurrente identificada en el Estudio de Gestión de Riesgos 2026 de Pirani: la baja preparación para gestionar la incertidumbre, especialmente cuando el riesgo no se materializa como un evento puntual, sino como una sucesión de ajustes pequeños pero constantes.
Uno de los efectos menos visibles, pero más críticos, del riesgo regulatorio en años electorales es su impacto en la estrategia. El estudio evidencia que muchas organizaciones postergan decisiones clave —inversiones, expansión, lanzamientos— no por falta de oportunidades, sino por falta de claridad normativa.
En 2026, este patrón será especialmente relevante en LATAM. El riesgo no es equivocarse en una decisión, sino no decidir, operar en modo defensivo y perder competitividad frente a organizaciones que sí cuentan con una gestión de riesgos más estructurada.
El mensaje del Estudio de Gestión de Riesgos 2026 de Pirani es consistente: las organizaciones que mejor gestionan el riesgo regulatorio no son las que predicen el futuro político, sino las que tienen visibilidad, trazabilidad y capacidad de adaptación frente al cambio.
El Estudio de Gestión de Riesgos 2026 de Pirani deja un mensaje claro: el problema no es la existencia del riesgo regulatorio, sino cómo lo están gestionando las organizaciones. En años electorales, esta brecha se hace más evidente. No basta con identificar el riesgo; la diferencia está en la capacidad de anticipar, priorizar y tomar decisiones con información incompleta.
Prepararse para un año electoral en LATAM no implica predecir resultados políticos, sino fortalecer la gestión de riesgos frente a escenarios de cambio, especialmente en los países que tendrán elecciones en 2026.
Uno de los hallazgos recurrentes del Estudio de Gestión de Riesgos 2026 de Pirani es que muchas organizaciones tienen mapas de riesgos extensos, pero poco accionables. En contextos electorales, este enfoque pierde efectividad.
La preparación comienza por responder una pregunta concreta:
¿qué riesgos regulatorios y estratégicos pueden alterar decisiones clave en los próximos 12 a 18 meses?
Esto implica:
En años electorales, intentar cubrir todos los frentes diluye recursos y atención. La gestión de riesgos debe ayudar a enfocar, no a complejizar.
El estudio muestra que las organizaciones con mayor madurez no esperan a que el riesgo se materialice. Trabajan con escenarios, incluso cuando la información es limitada.
En un año electoral, los escenarios no deben centrarse en candidatos o resultados específicos, sino en efectos plausibles:
La clave está en definir qué decisiones se verían afectadas bajo cada escenario y qué acciones preventivas pueden tomarse. Esto reduce la improvisación cuando el entorno cambia.
Otro punto crítico identificado en el Estudio de Gestión de Riesgos 2026 de Pirani es la falta de trazabilidad: riesgos identificados que no tienen responsables claros, controles definidos ni seguimiento continuo.
En un año electoral, esta debilidad se traduce en respuestas tardías. Prepararse implica:
La gestión de riesgos no puede operar en ciclos largos de revisión cuando el entorno cambia rápidamente.
El estudio evidencia que, en muchas organizaciones, la gestión de riesgos sigue estando desconectada de la toma de decisiones. En un año electoral, esta desconexión tiene un costo alto.
Prepararse significa que el riesgo regulatorio y político:
En 2026, las organizaciones que mejor naveguen los contextos electorales en LATAM no serán las que eviten el riesgo, sino las que tomen decisiones informadas en medio de la incertidumbre, apoyadas en una gestión de riesgos estructurada.
El año electoral 2026 no introduce un riesgo nuevo para las organizaciones en América Latina. Lo que hace es exponer con mayor claridad las debilidades existentes en la gestión de riesgos, especialmente frente a los cambios regulatorios. El Estudio de Gestión de Riesgos 2026 de Pirani lo confirma: este es el riesgo que hoy concentra la mayor preocupación y el que más condiciona la toma de decisiones.
En los países de LATAM que tendrán elecciones en 2026, la pregunta para los tomadores de decisión no es si habrá cambios, sino qué tan preparada está la organización para operar bajo reglas que pueden ajustarse en cualquier momento. La diferencia entre anticiparse y reaccionar suele definir el impacto real del riesgo.
Las organizaciones que atraviesan estos contextos con mayor solidez no son las que intentan predecir el rumbo político, sino las que cuentan con:
El principal aprendizaje que deja el Estudio de Gestión de Riesgos 2026 de Pirani es que la incertidumbre ya no es una excepción, sino una condición permanente del entorno. En un año electoral, esta realidad se vuelve imposible de ignorar.
Prepararse desde la gestión de riesgos no significa frenar decisiones, sino tomarlas con mayor claridad, entendiendo dónde están las verdaderas exposiciones y cómo gestionarlas de forma anticipada. En 2026, ese enfoque no será una ventaja competitiva: será un requisito para sostener la operación y la estrategia en un entorno cada vez más cambiante.
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