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Protección de datos personales: prioridad regional en 2026

Escrito por Juan Diego Vivas | febrero 20, 2026

La protección de datos personales se convirtió en una decisión de negocio. En 2026, muchas organizaciones descubren este punto cuando ya es tarde: una investigación, una multa, un cliente que se va. El problema no empieza con una brecha técnica. Empieza antes, cuando los datos crecen más rápido que la capacidad de gobernarlos.

Tabla de contenido


Este artículo explica qué está pasando con la protección de datos personales en la región, por qué 2026 marca un quiebre y cómo abordar el tema desde la gestión de riesgos. El foco está en ayudar a tomar decisiones claras, con criterio práctico y sin tecnicismos innecesarios.

Por qué la protección de datos personales cambió de escala

Durante años, la protección de datos se trató como un requisito legal más. Políticas, avisos de privacidad y respuestas reactivas ante incidentes. Ese enfoque quedó corto.

Hoy, los datos personales alimentan modelos de negocio completos: crédito digital, scoring, personalización, analítica avanzada e inteligencia artificial. Cada nuevo uso aumenta el valor del dato y también su exposición. En ese contexto, proteger datos personales deja de ser una tarea del área legal y pasa a ser un riesgo transversal.

En mercados como América Latina, este cambio es más visible. La adopción móvil es masiva, el uso de servicios digitales crece rápido y muchas personas entran por primera vez al sistema financiero. Eso amplía oportunidades, pero también crea asimetrías. Los datos se recolectan y procesan antes de que los usuarios entiendan qué derechos tienen o cómo ejercerlos.

Qué riesgos reales están detrás del tratamiento de datos

Hablar de protección de datos personales sin hablar de riesgos deja el análisis incompleto. En 2026, los principales riesgos ya no se limitan al robo de bases de datos.

Inferencias a partir de datos aparentemente neutros

Los datos dicen más de lo que muestran. Ubicaciones, horarios, patrones de consumo y metadatos permiten inferir información sensible sin necesidad de nombres o documentos. Salud, situación económica, creencias o decisiones personales pueden deducirse a partir de combinaciones simples.

Este tipo de riesgo es difícil de detectar porque no depende de un acceso directo a datos sensibles. Surge del cruce de información y del contexto en el que se analiza.

Reidentificación y reconstrucción de información

La anonimización tradicional perdió efectividad. Con suficientes fuentes públicas o comerciales, es posible volver a identificar personas o reconstruir registros individuales a partir de estadísticas agregadas. Esto afecta tanto a empresas privadas como a entidades públicas.

Riesgo reputacional y pérdida de confianza

La confianza se rompe rápido. Un incidente de datos personales impacta marca, relación con clientes y continuidad del negocio. En sectores regulados, este impacto se amplifica por la obligación de notificar y por la exposición pública del incumplimiento.

El nuevo entorno regulatorio en la región

El marco regulatorio en protección de datos personales avanza hacia modelos más exigentes. La tendencia es clara: responsabilidad proactiva, mayores sanciones y autoridades con más capacidad de fiscalización.

Países como Chile ya operan con agencias especializadas y estándares alineados a referencias internacionales. Colombia intensificó investigaciones y sanciones. España empuja criterios técnicos más estrictos para la evaluación de riesgos. El mensaje es consistente: cumplir en el papel ya no alcanza.

Esto obliga a las organizaciones a demostrar cómo gestionan los riesgos asociados al tratamiento de datos personales, no solo a declarar que cumplen la norma.

 

Protección de datos personales como parte de la gestión de riesgos

En la etapa de decisión, muchas organizaciones se hacen la misma pregunta: ¿cómo bajar todo esto a la operación diaria?

La respuesta pasa por integrar la protección de datos personales al sistema de gestión de riesgos. Identificar tratamientos críticos, evaluar impactos, definir controles y monitorear el riesgo residual. No como un ejercicio puntual, sino como un proceso vivo.

Aquí aparecen herramientas clave como las evaluaciones de impacto, la definición clara de responsables y la trazabilidad de decisiones. Cuando el dato se trata como activo crítico, la conversación cambia.

Inteligencia artificial y datos personales: el riesgo que crece en silencio

En 2026, la protección de datos personales se cruza de forma directa con el uso de inteligencia artificial. Muchas organizaciones ya usan modelos para análisis, automatización o atención al cliente. El problema aparece cuando estos usos crecen más rápido que las reglas internas.

Uno de los principales focos de riesgo es el uso de herramientas de IA sin control corporativo. Equipos que cargan información sensible en modelos externos, entrenan soluciones internas sin criterios claros o delegan decisiones a sistemas que heredan permisos amplios. Esto amplifica el impacto de cualquier error.

Aquí el riesgo no es solo técnico. Es de gobernanza. Quién puede usar IA, con qué datos, para qué fines y bajo qué controles. Cuando estas preguntas no tienen respuesta, la protección de datos personales queda expuesta.

Shadow AI y pérdida de control del dato

El Shadow AI se refiere al uso de soluciones de inteligencia artificial fuera del gobierno formal de la organización. No siempre hay mala intención. Muchas veces responde a presión operativa o desconocimiento.

Desde la gestión de riesgos, este fenómeno complica tres frentes:

  • Pérdida de trazabilidad sobre dónde terminan los datos personales.
  • Imposibilidad de evaluar impactos reales sobre los titulares.
  • Dificultad para responder ante incidentes o requerimientos de autoridades.

En este escenario, la protección de datos personales deja de depender solo de firewalls o contratos. Depende de procesos claros y de visibilidad transversal.

Tecnologías que permiten proteger datos sin frenar el negocio

Un error común es pensar que proteger datos personales implica dejar de usarlos. En la práctica, existen tecnologías que permiten reducir riesgos sin bloquear el análisis.

Entre las más relevantes para 2026 se encuentran la privacidad diferencial, el aprendizaje federado y otros enfoques que permiten trabajar con información sin exponer identidades de forma directa. Estas soluciones no eliminan el riesgo por sí solas, pero lo reducen cuando se integran a una estrategia clara.

La clave está en decidir dónde aplicarlas, con qué objetivos y bajo qué nivel de tolerancia al riesgo. Esa decisión es estratégica, no técnica.

Protección de datos personales y cultura organizacional

Ninguna tecnología compensa una cultura débil. Muchos incidentes se originan en acciones cotidianas: compartir archivos sin control, reutilizar bases de datos para fines distintos o aceptar términos sin leerlos.

En 2026, la protección de datos personales exige que las personas entiendan por qué el dato importa, qué decisiones están en juego y cómo su rol impacta al negocio. Esto aplica tanto a líderes como a equipos operativos.

La cultura se construye cuando el tema deja de aparecer solo en auditorías y se vuelve parte de la conversación diaria sobre riesgos.

Qué miran hoy los líderes de riesgos en la región

El Estudio de Gestión de Riesgos 2026 de Pirani recoge cómo las organizaciones de la región están priorizando sus principales riesgos. La protección de datos personales aparece de forma recurrente ligada a cumplimiento, tecnología, reputación y continuidad del negocio.

Más que cifras aisladas, el estudio permite entender cómo se conectan estos riesgos y por qué muchos equipos están revisando sus modelos de gobierno. Para quienes toman decisiones, es una referencia útil para comparar su situación con la del mercado y detectar brechas reales.

Cómo llevar la protección de datos personales a la práctica

En la etapa de decisión, la pregunta central suele ser cómo ordenar todo esto sin sumar complejidad.

Un enfoque efectivo parte de tres acciones:

  • Identificar tratamientos de datos personales críticos para el negocio.
  • Evaluar riesgos e impactos de forma consistente y documentada.
  • Dar seguimiento continuo a controles, responsables y eventos.

Un software de gestión de riesgos facilita este trabajo al centralizar información, conectar riesgos con procesos y dar visibilidad a la toma de decisiones. Esto permite que la protección de datos personales se gestione con el mismo nivel de rigor que otros riesgos estratégicos.

En 2026, la protección de datos personales define relaciones con clientes, reguladores y aliados. Las organizaciones que la integran a su gestión de riesgos ganan claridad y control. Las que la tratan como un trámite reaccionan tarde.

Entender el contexto, reconocer los riesgos reales y apoyarse en información del mercado, como el Estudio de Gestión de Riesgos 2026, marca la diferencia entre cumplir y gestionar de verdad.

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