Cumplir con la normativa de gestión de riesgos de la ASFI en Bolivia exige que todas las entidades supervisadas implementen un proceso formal de Gestión Integral de Riesgos (GIR) con seis etapas; identificación, medición, monitoreo, control, mitigación y divulgación. Según lo establecido en el Libro 3°, Título I, Capítulo I de la Recopilación de Normas para Servicios Financieros y el Artículo 35 de la Ley N° 393 de Servicios Financieros.
El problema no suele estar en la falta de documentación, sino en algo más profundo: la gestión de riesgos no está funcionando como un sistema integral, sino como esfuerzos aislados.
La Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (ASFI) no evalúa únicamente la existencia de documentos. Evalúa la capacidad de la entidad para gestionar riesgos de forma estructurada, consistente y con evidencia verificable.
El marco regulatorio boliviano se apoya en dos pilares: la Gestión Integral de Riesgos (GIR) y el Buen Gobierno Corporativo. Ambos funcionan de forma conjunta. No se pueden implementar de manera independiente. La ASFI define la gestión de riesgos como un proceso estructurado, continuo y transversal, orientado a administrar contingencias que puedan afectar los ingresos o el patrimonio de la entidad
Esto implica tres elementos fundamentales:
1. Es un enfoque organizacional, no solo un área
Aunque exista una Unidad de Gestión de Riesgos, la responsabilidad se distribuye en toda la estructura:
2. Es un proceso continuo
La gestión de riesgos debe aplicarse de forma permanente. No responde a eventos puntuales ni a ciclos de auditoría.
3. Es de cumplimiento obligatorio
Aplica a todas las entidades de intermediación financiera y empresas de servicios auxiliares financieros con licencia de funcionamiento emitida por la ASFI. El incumplimiento puede derivar en sanciones administrativas conforme al Régimen de Sanciones de la Ley N° 393.
La gestión integral de riesgos, según la ASFI, es un proceso estructurado, continuo y transversal que permite identificar, medir, controlar y monitorear los riesgos que pueden afectar la estabilidad financiera, los ingresos y el patrimonio de una entidad.
Este enfoque implica que:
En el contexto de la normativa ASFI de gestión de riesgo operativo, este concepto es la base sobre la cual se construyen todos los requerimientos regulatorios. Su implementación también se alinea con marcos internacionales como la ISO 31000 y el marco COSO ERM.
La normativa establece de forma explícita los riesgos que deben ser gestionados.
Estos riesgos tienen impacto directo sobre la estabilidad financiera de la entidad.
Un error frecuente es priorizar únicamente los riesgos financieros. La supervisión de la ASFI abarca todos los riesgos relevantes de forma integrada. De hecho, la normativa específica de gestión de riesgo operativo (Libro 3°, Título V) establece requerimientos adicionales que complementan las directrices generales de la GIR.
El ciclo de gestión integral de riesgos contempla seis etapas secuenciales: identificación, medición, monitoreo, control, mitigación y divulgación. Cada una debe implementarse de forma formal y documentada.
Esta última etapa es clave para la toma de decisiones y la supervisión efectiva.
El cumplimiento no depende únicamente de procesos. También requiere una estructura organizacional definida.
Es el responsable final de la gestión de riesgos. Entre sus funciones principales están:
Es el órgano encargado de diseñar políticas y metodologías. Debe estar conformado por:
Debe operar con independencia respecto a las áreas de negocio. Sus funciones incluyen:
Actúa como instancia de control independiente. Se encarga de:
La gestión de riesgos se complementa con un marco sólido de gobierno corporativo, regulado en el Libro 3°, Título I, Capítulo II de la Recopilación de Normas de la ASFI. La normativa exige la implementación de tres documentos fundamentales:
Estos instrumentos regulan: la toma de decisiones, la gestión de conflictos de interés y la transparencia organizacional. Además, permiten mitigar riesgos asociados a cumplimiento normativo, reputación y gobierno corporativo. Pirani permite gestionar estos marcos a través de su sistema de Compliance, centralizando el control de políticas, roles y responsabilidades.
En la práctica, muchas entidades cumplen a nivel documental, pero presentan debilidades en la ejecución. Los principales problemas suelen ser:
Falta de trazabilidad
No es posible demostrar de forma clara: quién ejecutó una acción, cuándo se realizó y qué decisiones se tomaron.
Inconsistencia en la gestión
Cada área aplica criterios distintos para gestionar riesgos.
Monitoreo limitado
No existen indicadores activos ni mecanismos automáticos de seguimiento.
Estos aspectos son críticos en los procesos de supervisión de la ASFI. En nuestra experiencia acompañando a organizaciones del sector financiero en Latinoamérica, la brecha entre documentación y ejecución es la causa principal de observaciones regulatorias.
Entender la normativa es solo el primer paso. El cumplimiento real se logra cuando cada requisito se traduce en procesos, responsables, herramientas y evidencia. A continuación tienes una guía práctica alineada con lo que la ASFI espera encontrar en una supervisión.
La normativa exige que la entidad cuente con una política formal de gestión de riesgos. Pero no cualquier documento cumple este requisito. Una política válida debe incluir, como mínimo:
La política no puede ser genérica. Debe reflejar la realidad operativa de la entidad y estar aprobada por el Directorio.
Uno de los elementos más revisados por la ASFI es el apetito de riesgo. Esto define cuánto riesgo está dispuesta a asumir la entidad en función de sus objetivos. En la práctica, implica:
Cuando este punto no está bien definido, toda la gestión de riesgos pierde coherencia.
La ASFI exige que los riesgos no solo se identifiquen, sino que se evalúen con criterios definidos.
La clave aquí es la consistencia. No se trata de tener múltiples metodologías, sino de aplicar una de forma uniforme.
Identificar riesgos sin controles no genera valor. La ASFI espera ver controles diseñados y ejecutados correctamente:
Los planes de mitigación se activan cuando el riesgo supera los niveles aceptables. Deben incluir acciones concretas, responsables y fechas de ejecución, y ser monitoreados hasta su cierre.
El monitoreo es uno de los puntos más críticos en supervisión. No basta con revisar riesgos de forma periódica. Debe existir seguimiento continuo a través de:
Los reportes deben tener periodicidad definida, llegar a los niveles correctos (Gerencia, Directorio) y ser claros y accionables. Cuando un indicador supera un umbral, debe generarse una alerta que active acciones. Sin este componente, la gestión de riesgos se vuelve reactiva.
Este es uno de los puntos más críticos para cumplir con la ASFI. Cada acción dentro del sistema de riesgos debe poder demostrarse: evaluaciones realizadas, controles ejecutados, decisiones tomadas y reportes generados. La evidencia debe ser clara, accesible y auditable. Aquí es donde muchas entidades dependen de correos, archivos sueltos o Excel, lo que dificulta demostrar cumplimiento ante una supervisión.
La normativa establece obligaciones de reporte específicas. Uno de los principales requisitos es el informe anual de gestión de riesgos, que debe incluir:
Además, la información debe ser consistente con lo que ocurre en la operación diaria. Cualquier diferencia entre el reporte y la realidad es un hallazgo seguro.
La ASFI exige independencia en la gestión de riesgos. Esto implica que la Unidad de Riesgos:
Cuando esta independencia se debilita, la gestión pierde objetividad.
La normativa también establece la necesidad de formación continua. No solo para el equipo de riesgos, sino para toda la organización. Esto permite mejorar la identificación de riesgos, asegurar la correcta ejecución de controles y fortalecer la cultura de riesgo. Pirani ofrece recursos formativos a través de su Escuela de Gestión de Riesgos que pueden complementar los programas internos de capacitación.
En este punto, muchas entidades ya tienen procesos definidos. El problema es cómo los ejecutan. La siguiente tabla muestra las limitaciones de gestionar riesgos con herramientas manuales frente a un software especializado:
| Criterio | Excel / herramientas manuales | Software especializado de gestión de riesgos |
|---|---|---|
| Trazabilidad | Limitada. No registra quién hizo qué ni cuándo | Completa. Registro automático de cada acción con usuario, fecha y detalle |
| Alertas | No existen. Dependes de revisión manual | Automáticas. Se disparan cuando un indicador supera un umbral |
| Reportes regulatorios | Manuales. Alto riesgo de error y demora | Automáticos. Generación en tiempo real para Gerencia, Directorio y ASFI |
| Escalabilidad | Difícil. Cada nuevo riesgo o proceso requiere más archivos | Alta. Crece con la operación sin duplicar esfuerzo |
| Consistencia metodológica | Baja. Cada área puede aplicar criterios distintos | Alta. Metodología única aplicada de forma uniforme |
| Evidencia para supervisión | Dispersa en correos, carpetas y versiones de archivos | Centralizada y auditable en un solo sistema |
Esto impacta directamente en la capacidad de cumplir con la ASFI.
Si comparas los requerimientos de la ASFI con lo que debe tener un sistema, la relación es directa:
Cuando estos elementos están integrados, el cumplimiento deja de ser manual y pasa a ser parte del flujo normal de la operación.
En el contexto actual de Bolivia, la presión regulatoria es creciente:
Esto hace que los modelos basados en Excel o procesos manuales pierdan viabilidad. Las entidades que están avanzando más rápido comparten algo en común: han convertido la gestión de riesgos en un sistema digital, no en un conjunto de archivos. La normativa de la ASFI es clara en lo que exige: un sistema integral, procesos definidos, roles claros y evidencia verificable.
En la práctica, cumplir con la normativa ASFI de gestión de riesgos en Bolivia implica pasar de un enfoque documental a un modelo operativo. Es decir, no solo definir la gestión integral de riesgos, sino ejecutarla de forma consistente, medible y alineada con los lineamientos regulatorios.
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