La gestión de riesgos en Latinoamérica no falla por falta de marcos, normas o metodologías. Falla cuando se convierte en un trámite y no en una práctica viva dentro de la organización.
El Estudio de Gestión de Riesgos 2026 de Pirani lo evidencia con claridad: el 49,8 % de las organizaciones identifica la cultura de riesgos como su principal pendiente. Un dato que refleja un problema estructural más que técnico.
En este episodio del Pirani Podcast, conversamos con Jimy Pinto, Gerente de Riesgos de la Cooperativa Ocotepeque (Honduras), sobre por qué la gestión de riesgos sigue rompiéndose en la ejecución diaria y qué deberían empezar a cambiar las organizaciones de cara a 2026.
Durante la conversación abordamos temas clave como:
Dónde se rompe realmente la gestión de riesgos: personas, procesos o estrategia.
Las señales que muestran cuando el riesgo todavía se ve como un trámite.
La diferencia entre gestionar riesgos por obligación y hacerlo por convicción.
El valor preventivo del monitoreo constante en riesgos financieros.
Qué deberían dejar de hacer hoy las organizaciones para madurar su gestión.
Para Jimy, la gestión de riesgos se rompe principalmente en las personas. Gestionar implica administrar, y son las decisiones y comportamientos diarios los que determinan si el riesgo se previene o solo se documenta.
Planes de mitigación bien diseñados, pero que no se ejecutan, son una señal clara de una cultura de riesgos débil. El resultado: documentos correctos, pero sin impacto real.
La gestión de riesgos efectiva es preventiva. Indicadores como la morosidad o la liquidez cambian constantemente y requieren seguimiento continuo. Esperar a que el riesgo se materialice es reaccionar tarde.
Cuando el riesgo se monitorea de forma activa y se conecta con la operación diaria, deja de ser un requisito y empieza a aportar valor.
De cara a 2026, el mensaje es claro: las organizaciones deben dejar de tratar la gestión de riesgos como un ejercicio formal sin ejecución. El verdadero avance ocurre cuando el riesgo se entiende, se vive y se gestiona por convicción.
Este episodio es una invitación a pasar del papel a la acción y a fortalecer la cultura de riesgos como base de una gestión sostenible.